24.11.11

Testimonio de mi experiencia con Krasnoff

Mi hermano Patricio, diputado, ha dicho en un libro y en declaraciones posteriores: “Queremos perdonar a los que aun no nos piden perdón”.Queremos perdonar, porque el proceso de reconciliación es personal y no social (Carrerinos y Ohigginistas aun no se reconcilian), pero hay algunos en que insisten no sólo en no pedir perdón, sino además en vanagloriarse de sus conductas, buscar validaciones en connotaciones políticas o disquisiciones históricas.
Yo quiero perdonar y a muchos los he perdonado. Pero eso no releva mi juicio crítico hacia quienes cometieron delitos gravísimos, ya sea como autores directos o como instigadores o inspiradores de ellos.
Mi opinión no nace del deseo de venganza ni del resentimiento por haber sido víctima, sino de una profunda convicción que va mucho más allá de las situaciones coyunturales que hemos debido vivir.
Desde las primeras horas de la dictadura, siendo oposición al gobierno de Allende, me situé enfrente de los nuevos ocupantes del poder y en cuanto se pudo comencé a trabajar en la defensa de los derechos humanos de los perseguidos.
En mérito de esa convicción y de mis acciones a favor de los perseguidos fui detenido por la DINA en 1975 y llevado a Villa Grimaldi. Allí fui interrogado por tres personas, siendo el principal Moren Brito, a quien reconocí por su voz ronca y porque le decían “comandante”.
También hubo un interrogatorio de un sub oficial que sólo hizo preguntas como si se tratara de un típico actuario de causa criminal, sin presiones , ni connotaciones, salvo la condición de esposado y vendado en que me encontraba.
El tercero, que en realidad fue segundo e intervino luego de que hubiera llamadas en mi favor, fue Miguel Krasnoff, a quien reconocí días después en la Corte por su voz y tono inconfundibles y cuya identidad confirmé luego cuando supe algunas cosas de su trayectoria.
En el interrogatorio no fui torturado físicamente como otros, pero estaba esposado, vendado y debía contestar preguntas de personas que se dirigían a mí sin ningún respeto, insultos y groserías, hasta que entró en escena Krasnoff.
¿Qué te pasó, Jaimote?, fueron sus primeras palabras. Y de ahí en adelante el jugó el papel del “bueno”, cuando me insistía en la idea de que cómo yo, un luchador por la democracia y contrario a Allende, estaba complicado con los comunistas, cómo me había metido en “esto”.
Y me dijo la clave para reconocerlo: conozco a tu familia, soy amigo de los Jamarne y los fue nombrando, a todos los de Temuco y me dijo que los había conocido cuando estuvo en el regimiento de esa ciudad. Está claro que él quería que yo supiera que estaba con el hombre terrible cuya fama ya trascendía a menos de dos años del golpe militar.
Yo sabía de Kransnoff al momento de ser detenido: estaba lo de Enríquez, lo de Dagoberto Pérez y tantos otros casos. Lo conocíamos todos los abogados de derechos humanos. Por eso, cuando llegaba a Villa Grimaldi esa mañana del invierno de 1975 sabía con qué me encontraría.
Pero, pudo ser peor.
¿Me torturó? No hubo tortura física, pero por cierto hubo una presión sicológica tremenda, como cuando me dijo, por ejemplo: “¿No te das cuenta que pones en riesgo la vida de tu hijo con estas cosas que haces?”.
Evidentemente él ya sabía, a esa altura de mi detención, de las acciones que hacían mi padre, Eduardo Frei Montalva, los embajadores árabes por mi libertad y hasta el propio ministro de defensa llamó a mis captores – según lo constaté allí en Grimaldi y él mismo me lo aseguró después en presencia de testigos calificados – por lo que mi libertad era cuestión de tiempo.
Y, por cierto, no debían quedar más huellas que las síquicas o emocionales, para que yo decidiera no seguir adelante con mi compromiso de defensa de los perseguidos. Eso era lo que se pretendía. Su amenaza era directa, pero velada al mismo tiempo, en un doble juego destinado a afectar en lo emocional.
Pero yo seguí en lo mío, no porque no tuviera miedo, sino porque ya sabía que con miedo es posible conciliar el sueño, pero con la conciencia intranquila no. Y mi compromiso de conciencia me era – me es – irrenunciable.
Krasnoff infundía terror, aun con el tono suave de su voz en los momentos en que quería hacerse el amable, pues lo hacía en el ámbito de lo que podríamos llamar tortura o violencia sicológica, tan feroz como la otra, pero cuyas marcas parecen diluirse en las apariencias.
Después supe más de Krasnoff.
Lo que él no supo en ese momento, es que todo el terror que él infundía no sería suficiente para NO continuar con la tarea asumida. Por el contrario, al haber tipos como él, era más necesario que hubiera tozudos como yo

22.11.11

Hacia los nuevos paradigmas

Hace 25 años, en jornadas de estudio y reflexión que organizaba en Instituto para el Nuevo Chile que dirigía Jorge Arrate, dicté un curso que llamé “La revolución necesaria”. Planteaba entonces la necesidad de un cambio profundo, rápido y global que apuntara no sólo a la sustitución de la dictadura vigente entonces, sino sobre todo a la construcción de un orden social diferente, sobre la base de nuevos valores y principios, ante lo que parecía inminente: una crisis radical del capitalismo que, si bien podría demorarse, terminaría por derrumbarse aplastando a los pueblos y países que servían de sustento a la sociedad madre, la sociedad del norte del mundo. Nos parecía preciso, entonces, iniciar el proceso de cambio para que cuando ese derrumbe se produjera, nuestros países, los del sur, sobre todo los de América, estuvieran suficientemente preparados. En ese entonces, el joven intelectual Ignacio Walker salió al paso de mis argumentos en una férrea defensa del régimen capitalista, afirmando que su solidez era tal que cada cierto tiempo experimentaba crisis que sólo lo fortalecían y que ante las difíciles situaciones que vivían las sociedades en vías de desarrollo o en franco subdesarrollo – injusticias y explotación las llamaba yo – bastaría con aplicar correctivos.
Esto tiene que ver con el enfoque de la sociedad que habrá de surgir en el mundo, sobre todo desde nuestra posición geopolítica, en la medida que las energías acuarianas vayan avanzando.
El capitalismo ha experimentado crisis cada vez más frecuentes y cada vez más profundas, generando la sensación de que ya no bastan los correctivos, sino que es necesario ir haciendo modificaciones cada vez más profundas. Se va abriendo un espacio hacia nuevos consensos al respecto.
Los movimientos de indignados, de descontentos, de rebeldes por la democracia, de anarquistas desesperados, de mujeres perseguidas y en franca rebelión, de promotores del cambio en la educación, de protestantes en contra del narcotráfico y el imperio de la delincuencia, de denunciantes por la destrucción del medio ambiente, de reclamantes en contra del poder del dinero, son manifestaciones de un proceso que se generaliza en todo el mundo, desde Wall Street a Santiago, desde Ciudad Juárez al mundo árabe, con las diferencias evidentes entre las protestas de Egipto, Siria, Libia o Arabia. No es en sí mismo el despertar acuariano, pero refleja la inquietud de quienes viven el agotamiento de una mirada, de una sociedad, de una idea.
Lo que estamos viendo es una confrontación potente al interior de sociedades que han sido manejadas a partir de estructuras que parecían inamovibles y cuyos paradigmas centrales son los del régimen capitalista: el centro del poder está en la acumulación del poder económico en manos de minorías que dirigen la sociedad en defensa de sus intereses; los valores principales son los que permiten la concentración de los beneficios, pues más importa tener que ser y predomina la riqueza como medida principal y no las personas.
La declaración de los derechos humanos de 1948 marcó el inicio oficial de la discusión entre los grandes paradigmas, pues al poner el acento en los derechos de las personas, se cuestiona el poder establecido y el orden construido desde el dinero, la riqueza y la consiguiente opresión de las mayorías por parte de las minorías que mandan.
No se trata de estar contra la riqueza ni mucho menos. Por el contrario: ojalá hubiera más y más riqueza de modo que ella pueda ser gozada por cada vez más personas. El problema es la acumulación de riqueza y poder en pocas manos, teniendo como medida de lo bueno y de lo malo el interés de esas minorías poderosas.
El gran tema tiene que ver con la Justicia como sustento del poder y como eje de la construcción del orden social. Esa Justicia tiene que ver con los derechos de las personas y de las sociedades, con la construcción de órdenes sociales y económicos más participativos en la gestión y en los beneficios.
Un nuevo paradigma deberá considerar como centro a la persona humana y sus derechos, entendiendo por persona a un sujeto que tiene derechos individuales pero pertenece a una sociedad en la actúa, con poderes que le reconocen esos derechos y congéneres que le exigen el cumplimiento de deberes. Participar es un derecho, pero también es una obligación, pues de ese modo todos podemos ser actores de la sociedad.
La contribución al bienestar nace del trabajo y de la estrecha relación que puede surgir entre los seres humanos a partir de las diversas funciones que se cumple, donde a mayor responsabilidad y conocimiento puede haber mayor retribución, cuidando que las diferencias sean razonables en atención a que los que hacen los trabajos más duros y menos especializados, con responsabilidades más acotadas, son hechos por personas que deben ser capaces de vivir en dignidad.
El Estado debe actuar como organizador y garante de esos derechos, siendo un regulador que evite posiciones o situaciones extremas o de injusticia. Promover la desaparición del Estado es una propuesta absurda, pues sólo apunta a que los pequeños grupos poderosos se apropien de todo e impongan su voluntad por la fuerza o que los seres humanos se regulen como si fueran intrínsecamente buenos o perfectos.
La construcción de un orden social armónico debe partir de la base de nuestras limitaciones reales como humanos, pues mientras no hayamos trascendido o evolucionado espiritualmente, debemos acordar regulaciones y límites en beneficio de todos.

17.8.11

CITACIÓN AL PUEBLO

El pensamiento demócrata cristiano propone la organización de la sociedad política en una “comunidad de comunidades”, es decir, la construcción de una institucionalidad donde la participación activa y permanente de las personas se expresa en forma estable a través de diversos mecanismos.
Para la Democracia Cristiana – el humanismo cristiano – resulta fundamental que en el sistema político haya expresión del pueblo, aportando en el proceso de reflexión y en la toma de las decisiones más fundamentales.
Por ello un demócrata cristiano debe reflexionar constantemente acerca de cómo mejorar la participación del pueblo en la política, buscando mecanismos para hacer más democrático el sistema institucional e impulsando las modificaciones que sean necesarias para tal objetivo.
Las formas más tradicionales que ha propuesto la visión humanista cristiana son la organización popular en pequeñas comunidades, el fortalecimiento de los municipios con instancias de participación, el apoyo a las organizaciones de base en todas las áreas del quehacer social, la participación electoral, los sistemas representativos y proporcionales de elección de las autoridades, la revocación popular de los mandatos, la iniciativa popular de ley y, para la resolución de conflictos, el plebiscito.
Cuando escucho y leo las declaraciones del Presidente de la Democracia Cristiana refiriéndose a que él prefiere la “democracia de instituciones” y equipara los mecanismos participativos al populismo o las dictaduras, no sólo revela ignorancia, sino que deja de manifiesto su posición conservadora, su adhesión al régimen creado por el pinochetismo y su radical alejamiento del pensamiento y la doctrina del partido que preside, ya evidente cuando se declara partidario del capitalismo.
El pueblo debe ser citado a dirimir conflictos y para que eso sea posible debe generarse una reforma constitucional. Pero, dadas las actuales condiciones de debilidad democrática y la real crisis de representatividad, es necesario ser audaz y resuelto, actuando con la conciencia de que estamos frente a un delicado pie de la política. Si continuamos con millones de jóvenes (y no tan jóvenes también) fuera del sistema electoral, con políticos constituidos en “clase” administrando espacios restringidos y acumulando el poder, podremos vivir una situación gravísima de ruptura democrática y eso sí abrirá espacios al populismo o las dictaduras.
Se me ocurre proponer que se tomen medidas inmediatas de reformar algunos aspectos de la actual Constitución y que paralelamente a ello se convoque a una asamblea constituyente con amplia participación popular. Pero, como tal evento debe ser de los ciudadanos, deberá hacerse una masiva campaña de inscripción electoral, mientras se inicia el proceso de discusión a todo nivel. Un llamamiento urgente para que en las bases sociales, las organizaciones funcionales y territoriales, las juntas de vecinos y los sindicatos, se inicie una discusión sobre propuestas constitucionales, que después serán recogidas por los asambleístas que sea elegidos (y que por cierto no representarán a los partidos), discutidas junto con las demás que surjan para dar forma a una nueva institucionalidad.
Nada de esto es breve ni fácil, pero aun la marcha más larga se inicia con el primer paso.
Espero que la Democracia Cristiana sea fiel a su doctrina fundamental y no se deje arrastrar por las lamentables conductas de su presidente. De lo contrario, tendrá tiempo de lamentarse de no haber hecho por Chile lo que su pueblo le pide.

13.8.11

PREOCUPADO

Miro con cierta inquietud lo que está sucediendo. Porque cuando lo que ahora es la Concertación decidió apoyar el camino trazado por Guzmán y Pinochet (el plebiscito) para la implantación de lo que he llamado “democracia aparente”, anunciamos con temor que para estos años (2010 dijimos) se produciría un agudo conflicto de participación que pondría en crisis el sistema político. El temor era – y sigue siendo – que al no existir espacios democráticos en el sistema, hubiera grupos cada vez más amplios que trabajaran fuera de él. El modelo impulsaba a eso, siguiendo tal vez los ejemplos de Estados Unidos o Colombia, países con muy baja participación electoral, pero que logran mantenerse estables a favor de una minoría que se autorreproduce, con alto control por la vía ideológica y los aparatos policiales y militares, abiertos o encubiertos.
Con más de tres millones de personas que pudiendo inscribirse en los registros electorales y no lo hacen, el ejercicio democrático de elegir autoridades se va reduciendo proporcionalmente de modo alarmante. Es claro que parte del objetivo de los creadores del sistema constitucional era desincentivar la inscripción electoral, como parte de la estrategia de mantención y vigencia (estabilidad le llamaron), aunque ello restara representatividad a quienes el pueblo, una parte del pueblo ciertamente, elige.
Los estudiantes han iniciado un proceso de exigencias a la autoridad que se expresa desde fuera de la institucionalidad y aunque hay gestos de reconocimiento a las estructuras, las demandas exceden de lo meramente estudiantil, pues están canalizando el descontento de amplios sectores de la sociedad respecto de la realidad que se vive en el país. Cuando una encuesta reconocida revela un apoyo de una cuarta parte de los consultados al Presidente elegido por la mitad de los electores, está dando un dato gravísimo: la falta de credibilidad del jefe del Estado y del Gobierno a poco más de un año después de haber sido elegido, tanto que ni sus partidarios se mantienen a su lado. El descontento, el desagrado, la indignación de muchos frente a las injusticias, la desigualdad, los problemas objetivos, las dificultades económicas, la falta de expectativas, el “desorden establecido” en definitiva, nos ponen frente a una realidad en la cual las salidas no pueden ser las respuestas que da el gobierno. Eso queda en evidencia cuando el rechazo de los peticionarios al documento del ministro de educación es rechazado de plano y casi de inmediato, fundándolo unos en su generalización y otros en su detallismo.
Quiero decir que el verdadero objetivo y los reales fundamentos de la agitación que se vive no tienen que ver solamente con los temas vinculados a la educación, sino con la necesidad de protestar por tantos años de frustraciones y por la existencia de un régimen institucional que no da espacios a verdaderos ejercicios democráticos. No hay participación y toda la legislación, la nacida antes y después del 90, fortalece al autoritarismo, el centralismo, el poder unipersonal del presidente o de los alcaldes y cada vez el grupo de dirigentes políticos se empequeñece, se cierra sobre sí mismo, se envejece, se anquilosa. No hay voluntad en el mundo político dominante para cambiar la Constitución y abrir paso a una democracia más sólida y participativa.
Entonces la demanda que parte con los pases escolares termina en petición de Asamblea Constituyente y plebiscito. ¿Será esa la solución? Podría ser, pero para que el sistema que nazca de esos mecanismos tenga real validez y no sea sólo una parodia de democracia, esos tres millones de automarginados deben inscribirse en los registros electorales y participar activamente.
De lo contrario seguiremos gobernados por las mismas minorías, los iluminados de siempre, los que creen que tienen derecho a seguir manejando los asuntos de la sociedad. Y la democracia, hoy débil, terminará disuelta.

11.7.11

Murió Pita Valdovinos

Ha partido María Luisa Valdovinos, Pita, la pitia nuestra de todos los días, maga, astróloga, esotérica, estudiosa, dueña del rigor y la exigencia, rockera irredenta.
Aun tenía aun mucho que dar, pero terminaron sus días en esta tierra, donde supo amar, enseñar, compartir. Vivió apasionadamente, defendía sus ideas y sus puntos de vista con tesón, enseñaba con entusiasmo. Amó a su hija, a su madre, a sus hermanos, como un estrecho grupo base de todas sus motivaciones. Amó a sus amigos y a sus alumnos. Amó a sus hombres y los conservó como grandes amigos. Ahora se ha ido al territorio de los maestros y de la trascendencia, donde revisará su vida, perdonará y será perdonada.
Cuando yo dudaba los caminos que debía tomar, extendió su mano y me ayudó a cruzar el difícil río espiritual: no se cruza solo, me dijo. Y, entonces, fundamos Syncronía.
Cuando reencarne, espero que volvamos a encontrarnos para seguir avanzando por ese Acuario en el que ella tenía tantas esperanzas.

8.7.11

El sacerdote Fernando Montes, rector de una universidad, pidió sinceridad. Dio gusto leerlo y escucharlo, por la solidez y claridad de sus argumentos. Por cierto, él se refería al tema de la educación, pero a mí me surgió el deseo de extenderlo a otras áreas, sin dejar de referirme a la crisis de las universidades en Chile.
Ser sincero exige una dosis de ingenuidad indispensable, pues la malicia es lo que nos lleva a callar verdades disfrazando los hechos para que todo parezca mejor de lo que es. Hace casi 30 años, después de presentar unos estados financieros espléndidos, auditados por la misma empresa que auditó a La Polar, se derrumbó la empresa CRAV, desatando una crisis en el país de la que fue muy difícil recuperarse. María Olivia Monckeberg y Fernando Paulsen escribieron un extenso artículo en la Revista ANÁLISIS anticipando la caída de una economía que no era más que un castillo de naipes.
La falta de sinceridad es lo que hace que los que quieren invertir en universidades, digan que son donantes en una sucesión de falsedades que los hace ganar dinero a escondidas.
La falta de sinceridad es lo que hace que hablemos de universidades estatales como si todas fueran de excelencia.
La falta de sinceridad nos lleva a olvidar que universidades como las católicas y pontificias, no sólo son privadas para Chile, sino en realidad pertenecens a un Estado distinto del chileno, que es el que designa a sus autoridades, pero recibe dineros de los chilenos y no da cuenta alguna de ellos.
La falta de sinceridad nos hace olvidar que muchas de las universidades del Consejo de Rectores son privadas y no públicas, aunque se aprovechen de sus compañeros de mesa para mantener esas apariencias.
La falta de sinceridad hace que una diputada a la que se está a punto de formalizar como autora de un delito, se salva porque devuelve algunos de los millones de pesos que obtuvo indebidamente. Es decir, el pago borra el delito. Y eso nos lleva a que muchos digan que todos los políticos son unos tales por cuales, cuando en realidad, dicho sinceramente, se trata de algunos de ellos.
La falta de sinceridad es la que hace que muchos crean que el sistema binominal es inamovible, cuando en realidad se mantiene para hacer inamovibles a los actuales diputados y senadores, a quienes esto les acomoda pues los mantiene en el poder.
La falta de sinceridad es la que hace a muchos callar respecto de los ejecutivos de La Polar, premiados en dinero y homenajes por su gestión, cuando en realidad son ellos quienes deben responder por sus falsedades, junto con los que los premiaron y destacaron como ejemplo.
La falta de sinceridad es lo que permitió que una dependencia de la Universidad Católica (El DUOC, primero y el Canal 13 después) haya pasado a manos privadas –de empresarios privados- sin explicación alguna.
Podríamos seguir dando ejemplos. Pero lo más delicado es que la falta de sinceridad va acompañada del autoengaño, que hace que los gobernantes no se den cuenta de lo que está diciendo la ciudadanía y que los dirigentes políticos no asuman las verdaderas demandas ciudadanas. Y que lleva a muchas personas a creer que pueden lograr mejor sus objetivos marginándose del mundo político que insertándose en él para cambiarlo de raíz.

11.10.08

EL BLOG DE TOÑO LARA, MI LIBRO y otras yerbas


Invito a leer el blog de Antonio Lara, que habla de la apropiación de la selección chilena por las casas comerciales.

No he escrito casi nada, pues entre cursos y conferencias, además de mi dedicación a la campaña de RICARDO BARTON POR ÑUÑOA, no me da el tiempo.

Además, debo reconocer que desde el desatinado chiste de Bachelet en USA, me he quedado marcando ocupado, pues veo que la frivolización de la polìtica ataca a los lugares más altos.

Confieso que he estado un poco irritable con tanta lesera que se escucha, sobre todo en tiempos de campaña y presunta crisis.

La crisis la provocan los especuladores y los alarmistas, porque la verdad es que aunque caiga el precio de las acciones de una empresa, la empresa sigue produciendo.

Ha quedado en claro que los economistas más parecen analistas ex post que estudiosos capaces de prevenir ciertas situaciones. Lo explican todo, pero sus pronósticos son muy errados.

Finalmente, estoy preparando mis pronósticos electorales. La duda es si lo hago como los economistas y los doy después...
PERO LA BUENA NOTICIA ES QUE... ya está listo mi libro de tarot que se llama: "Tarot, 78 puertas para avanzar por la vida", lo edita Catalonia y estará a la venta desde la próxima semana. EL LANZAMIENTO SERÁ EL 8 DE NOVIEMBRE A LAS 18 horas en la Estación Mapocho.
Me interesa que el libro se compre en librerías para que... entre en la estadística.
EN LA FOTO, MICAELA Y AMPARO, MIS NIETAS